¿Puede «pararse» el estómago de un perro? El caso de Rubén y lo que puede haber detrás

Golden retriever standing next to a veterinary exam table in a clinic room

Sigo con mucho interés el trabajo de Fran Rescata y de Fundación Animal Rescue, y especialmente las historias de los animales que pasan por sus manos. Sus intervenciones permiten conocer realidades que muchas veces permanecen invisibles.

Uno de los casos que me ha llamado especialmente la atención es el de Rubén, un perro cuyo estómago, según se ha explicado, se ha «parado».

Pero ¿qué significa realmente que a un perro se le pare el estómago?

Desde el punto de vista veterinario, esa expresión puede utilizarse para describir situaciones diferentes. Y algunas de ellas son auténticas emergencias.

El estómago no es simplemente una bolsa

El estómago del perro es un órgano muscular que recibe el alimento, lo almacena temporalmente, lo mezcla con las secreciones digestivas y posteriormente lo va vaciando hacia el intestino.

Para hacerlo necesita realizar movimientos coordinados.

Cuando estos movimientos disminuyen considerablemente o se detienen hablamos de una alteración de la motilidad gástrica. El alimento y los líquidos pueden permanecer demasiado tiempo en el estómago y producir distensión, náuseas, vómitos y dolor.

Pero existe una situación todavía más grave.

La dilatación y el vólvulo gástrico

La dilatación-vólvulo gástrico (DVG), conocida popularmente como «torsión de estómago», es una de las emergencias veterinarias más graves.

El estómago se distiende por la acumulación de gas y/o líquido y puede girar sobre su propio eje. Cuando se produce el giro, tanto la entrada como la salida del estómago pueden quedar obstruidas.

El contenido queda atrapado.

Y el problema deja de ser únicamente digestivo.

La enorme distensión puede comprimir grandes vasos sanguíneos, dificultar el retorno de sangre al corazón y comprometer la circulación. Además, la propia pared del estómago puede sufrir una falta grave de irrigación y llegar a necrosarse. En los casos graves también pueden verse afectados otros órganos, incluido el bazo.

Por eso una torsión gástrica puede poner en peligro la vida del perro en cuestión de horas.

¿Por qué ocurre?

Y aquí encontramos una de las cuestiones más importantes.

No existe una única causa.

La DVG se considera una enfermedad multifactorial. Sabemos que existen determinados factores que aumentan el riesgo, pero no podemos señalar una sola causa responsable en cada animal.

Entre los factores asociados encontramos:

Tamaño y conformación corporal. Los perros grandes y, especialmente, aquellos con tórax profundo presentan mayor riesgo.

Edad. La incidencia aumenta con la edad.

Genética. Tener un familiar de primer grado que haya sufrido DVG aumenta el riesgo.

Comer rápidamente. Tragar grandes cantidades de aire durante la ingesta puede favorecer la distensión.

Una única comida diaria y muy abundante. Se ha asociado con un mayor riesgo.

Estrés y determinados temperamentos. Los perros muy nerviosos, temerosos o excitables parecen presentar un riesgo mayor.

Ejercicio alrededor de las comidas. Se ha asociado con un aumento del riesgo, aunque la relación exacta es compleja.

Es importante señalar que tener uno de estos factores no significa que el perro vaya a sufrir una torsión. Y un perro que no pertenezca a una raza considerada de riesgo tampoco está completamente protegido.

¿Puede ocurrir después de comer?

Sí, y probablemente esta sea una de las asociaciones más conocidas.

Muchos episodios aparecen después de una comida, especialmente cuando ha sido abundante y el perro come rápidamente. También se ha relacionado con actividad física alrededor de la ingesta.

Pero sería un error pensar que toda torsión ocurre inmediatamente después de comer.

Puede aparecer en otros momentos.

¿Cómo podemos reconocerla?

Hay signos que deberían hacernos pensar inmediatamente en una posible DVG:

  • inquietud intensa;
  • incapacidad para encontrar una postura cómoda;
  • abdomen aumentado o distendido;
  • dolor abdominal;
  • babeo abundante;
  • respiración rápida o dificultosa;
  • intentos repetidos de vomitar sin expulsar prácticamente nada;
  • debilidad;
  • palidez;
  • colapso.

Uno de los signos más característicos son precisamente las arcadas improductivas: el perro intenta vomitar repetidamente, pero no consigue expulsar contenido.

¿Se puede saber mirando al perro si el estómago está torsionado?

No con seguridad.

La dilatación gástrica y la dilatación con vólvulo pueden presentar signos muy parecidos. Para determinar qué está ocurriendo son necesarias pruebas veterinarias, especialmente técnicas de imagen como las radiografías.

Por eso no debemos intentar diagnosticar una torsión en casa.

Pero «estómago parado» no significa necesariamente torsión

Esta distinción es fundamental.

Un perro puede presentar una alteración grave del vaciamiento gástrico o de la motilidad sin que exista un vólvulo.

También puede producirse una disminución de los movimientos gastrointestinales secundaria a otras enfermedades, determinadas alteraciones metabólicas, algunos medicamentos, dolor, inflamación, obstrucciones o problemas neurológicos.

Por eso, cuando un veterinario dice que el estómago «no funciona» o que está «parado», hay que conocer qué diagnóstico concreto existe detrás de esa expresión.

No todas las situaciones tienen el mismo tratamiento ni el mismo pronóstico.

¿Qué hace el veterinario?

Ante una sospecha de DVG, el tiempo es fundamental.

Primero se estabiliza al paciente y se intenta reducir la enorme presión que existe dentro del estómago. Puede ser necesario descomprimirlo mediante una sonda gástrica o mediante una punción del estómago cuando el giro impide introducir la sonda.

Pero si existe un vólvulo, la descompresión no soluciona el problema.

Una vez estabilizado el animal, es necesaria la cirugía para devolver el estómago a su posición, valorar si existe tejido dañado y, cuando está indicado, realizar una gastropexia, que fija el estómago a la pared abdominal para reducir enormemente el riesgo de que vuelva a torsionarse.

En algunos casos también es necesario retirar tejido gástrico muerto o incluso el bazo si este ha sufrido daños importantes.

¿Se puede prevenir?

No existe una prevención que garantice que un perro nunca sufrirá una DVG.

Pero sí podemos reducir determinados factores de riesgo.

En perros predispuestos suele recomendarse repartir la alimentación en varias comidas más pequeñas, evitar que coman con ansiedad y reducir el ejercicio intenso alrededor de las comidas. También es importante controlar el estrés y evitar la competencia por la comida cuando conviven varios perros.

En determinadas razas y perros con un riesgo especialmente elevado, el veterinario puede valorar una gastropexia preventiva.

La gastropexia no impide que el estómago se dilate, pero reduce de manera muy importante el riesgo de que llegue a producirse la torsión.

Y volvemos a Rubén

Cuando escuchamos que a un perro «se le ha parado el estómago», nuestra primera reacción puede ser imaginar algo sencillo: que ha dejado de digerir.

Pero detrás de esa frase puede existir un problema complejo que afecta a todo el organismo.

En el caso concreto de Rubén no podemos saber, sin disponer de su historia clínica y de las pruebas realizadas por sus veterinarios, si se trata de una torsión gástrica, una alteración de la motilidad u otra enfermedad.

Y precisamente por eso es importante no sacar conclusiones desde fuera.

Lo que sí podemos aprender de su historia es algo fundamental:

los problemas digestivos graves en los perros no siempre empiezan con un cuadro espectacular.

Un perro inquieto, que intenta vomitar y no puede, babea, presenta dolor abdominal o comienza a distenderse necesita atención veterinaria inmediata.

Ante una posible torsión gástrica, no se espera a ver si se le pasa.

El tiempo puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

En Patas Bien Cuidadas creemos que conocer estas emergencias no significa vivir con miedo. Significa aprender a reconocerlas para poder actuar cuando realmente importa.

Porque cuidar también es saber cuándo una conducta aparentemente cotidiana deja de serlo.

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