Seguro que alguna vez te ha pasado.
Empiezas a acariciar a tu perro en ese lugar que tanto le gusta —detrás de las orejas, en el cuello, en el pecho o en el lomo— y, de repente, comienza a emitir unos sonidos muy suaves.
No son ladridos.
No son gemidos de dolor.
Tampoco son gruñidos.
Son una especie de murmullo, pequeños resoplidos, suspiros o «ñiñi», «mmmm», «ufff»… tan discretos que casi parecen una conversación.
Muchos tutores se hacen la misma pregunta:
¿Están ronroneando como los gatos?
La respuesta es que no exactamente… pero se parece mucho en cuanto a lo que expresa.
Cada especie tiene su propio lenguaje
Los gatos ronronean gracias a un mecanismo fisiológico muy concreto relacionado con la vibración de la laringe.
Los perros no pueden producir un ronroneo igual.
Sin embargo, sí poseen otras formas de expresar bienestar, relajación y placer, y esos pequeños sonidos son una de ellas.
No existe un «ronroneo canino», pero sí una comunicación emocional muy rica.
Una señal de placer y confianza
Cuando un perro emite estos ruiditos mientras lo acariciamos, con frecuencia nos está diciendo:
«Estoy muy a gusto.»
«No dejes de hacerlo.»
«Confío plenamente en ti.»
Es una forma de comunicación muy íntima.
No todos los perros la utilizan.
De hecho, muchos nunca lo hacen.
Otros, en cambio, parecen «hablar bajito» cuando disfrutan de las caricias.
Los suspiros también hablan
Un perro relajado suele suspirar profundamente.
Ese largo «ufffff…» que escuchamos cuando se tumba a nuestro lado no suele indicar cansancio.
Con frecuencia significa:
«Ahora estoy tranquilo.»
«Todo está bien.»
«Puedo relajarme.»
Es una señal de que se siente seguro.
Pequeños gemidos… que no son de dolor
Hay perros que, mientras reciben un masaje o unas caricias especialmente agradables, emiten un sonido parecido a un pequeño gemido.
Esto puede preocupar a algunos tutores.
Sin embargo, si el resto del lenguaje corporal es relajado, normalmente no existe ningún motivo de alarma.
Observa si además:
- mantiene los ojos entrecerrados;
- respira lentamente;
- apoya el peso del cuerpo sobre ti;
- mueve la cola de forma suave;
- busca más contacto.
Todo ello indica que está disfrutando.
El lenguaje corporal siempre tiene la última palabra
Los sonidos, por sí solos, no cuentan toda la historia.
Siempre debemos interpretarlos junto con el resto del cuerpo.
Si el perro:
- está relajado;
- mantiene una postura natural;
- busca el contacto;
- vuelve a acercarse cuando dejamos de acariciarlo;
es muy probable que esos ruiditos expresen bienestar.
En cambio, si observamos:
- tensión muscular;
- intento de apartarse;
- mirada fija;
- lamidos nerviosos;
- bostezos repetidos;
- rigidez;
es posible que el sonido tenga otro significado y refleje incomodidad o estrés.
¿Todos los perros son igual de expresivos?
No.
Algunos son extraordinariamente silenciosos.
Otros parecen conversar continuamente con su familia.
Hay perros que:
- gruñen suavemente cuando disfrutan;
- hacen pequeños «bufidos»;
- emiten sonidos guturales muy bajos;
- suspiran con frecuencia;
- vocalizan cuando reciben mimos.
Todo ello forma parte de su personalidad y de su manera particular de comunicarse.
¿Hay razas más «habladoras»?
Sí.
Algunas razas tienden a utilizar más la voz que otras.
Por ejemplo:
- Husky Siberiano.
- Malamute de Alaska.
- Samoyedo.
- Shiba Inu.
- Basenji (aunque apenas ladra, emite sonidos muy peculiares conocidos como barroo o yodel).
Pero, más allá de la raza, cada perro tiene su propia forma de expresarse.
Cuando el vínculo también se escucha
Estos pequeños sonidos suelen aparecer con más frecuencia entre perros y personas que mantienen un vínculo muy estrecho.
No se producen porque sí.
Surgen cuando el perro se siente protegido, comprendido y seguro.
Son, en cierto modo, una conversación silenciosa entre dos especies distintas.
Escuchar también es cuidar
Con frecuencia pensamos que comunicarse consiste únicamente en enseñar órdenes o interpretar ladridos.
Sin embargo, convivir con un perro implica aprender un lenguaje mucho más sutil.
Una respiración profunda.
Un suspiro.
Un pequeño murmullo.
Un resoplido casi imperceptible.
Todos esos sonidos nos hablan de cómo se siente nuestro compañero.
Y cuando aprendemos a escucharlos, descubrimos que los perros nos dicen muchas más cosas de las que imaginábamos.
Porque quizá no ronroneen como los gatos…
Pero tienen su propia forma de decirnos que son felices a nuestro lado. 🐾❤️

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