Hay familias que nos cuentan una situación muy curiosa. Su perro pasa el día bastante tranquilo: come con normalidad, duerme, pasea y parece encontrarse bien. Sin embargo, cuando empieza a anochecer, todo cambia. Comienza a caminar sin rumbo por la casa, jadea, llora, ladra sin un motivo aparente, parece desorientado o busca desesperadamente la compañía de su familia. Incluso hay perros que se quedan mirando fijamente una pared, una puerta o una esquina, como si estuvieran esperando algo.
Este conjunto de síntomas recibe el nombre de síndrome del ocaso (sundowning) y es relativamente frecuente en perros de edad avanzada. Aunque todavía se está investigando por qué aparece, suele estar relacionado con el síndrome de disfunción cognitiva canina, una enfermedad degenerativa del cerebro comparable, en algunos aspectos, al Alzheimer en las personas.
No todos los perros mayores desarrollan este problema, pero cuando aparece puede resultar muy angustioso para quienes conviven con ellos. Muchos tutores piensan que su perro tiene miedo, que está enfadado o que simplemente «se ha vuelto raro». En realidad, lo que suele ocurrir es que el envejecimiento del cerebro, unido a la pérdida de visión, de audición o a alteraciones del ritmo del sueño, hace que algunos perros se sientan especialmente inseguros cuando disminuye la luz del día.
Es importante recordar que no todos los perros que se muestran inquietos al anochecer padecen síndrome del ocaso. El dolor provocado por la artrosis, problemas hormonales, alteraciones neurológicas, pérdida de visión o incluso la necesidad de salir a hacer sus necesidades pueden provocar comportamientos similares. Por eso, si estos cambios aparecen de forma repetida, lo más recomendable es acudir al veterinario para realizar una valoración completa y descartar otras enfermedades.
La buena noticia es que, aunque el síndrome del ocaso no siempre puede curarse, sí existen muchas formas de ayudar al perro. Mantener horarios estables, evitar cambios bruscos en la rutina, ofrecer una iluminación suave cuando empieza a anochecer, facilitarle un lugar tranquilo donde descansar y adaptar el entorno para que se sienta seguro puede mejorar notablemente su bienestar. En algunos casos, el veterinario también puede recomendar una alimentación específica, suplementos o medicación para aliviar los síntomas.
En Patas Bien Cuidadas convivimos con frecuencia con perros senior y sabemos que el final del día puede ser el momento más delicado para algunos de ellos. Por eso procuramos ofrecerles un ambiente sereno, sin sobresaltos, respetando sus rutinas y acompañándolos con paciencia. A veces pensamos que un perro mayor necesita más ejercicio o más estímulos, cuando en realidad lo que más agradece es sentirse seguro.
Porque envejecer también forma parte de la vida de nuestros perros. Y entender lo que les ocurre es una de las mejores maneras de seguir cuidándolos con el cariño y el respeto que se merecen.

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