Es una situación que desconcierta a muchos propietarios.
Tenemos un perro joven, entero (sin castrar), y de repente comienza a montar insistentemente a otro perro mucho mayor. A veces se trata de una hembra esterilizada. Otras veces, de un macho anciano que ni siquiera responde a sus intentos.
La primera conclusión suele ser siempre la misma:
«Está salido.»
Sin embargo, desde el punto de vista del comportamiento canino, la realidad es bastante más compleja.
La monta no siempre tiene un significado sexual
Uno de los errores más frecuentes es pensar que toda monta tiene relación con el deseo reproductivo.
Aunque las hormonas pueden influir, la conducta de monta también aparece en:
- machos castrados,
- hembras esterilizadas,
- cachorros,
- perros ancianos.
Por tanto, no siempre estamos ante un comportamiento sexual.
La excitación emocional
La causa más frecuente suele ser la sobreexcitación.
Cuando un perro experimenta emociones intensas —alegría, nerviosismo, estrés o frustración— puede canalizarlas mediante conductas desplazadas.
La monta es una de ellas.
Es especialmente habitual en perros jóvenes que todavía están aprendiendo a regular sus emociones.
El exceso de energía
Muchos perros de uno o dos años se encuentran en plena adolescencia conductual.
Tienen energía, fuerza y una gran necesidad de interacción social.
Un perro senior, tranquilo y tolerante, puede convertirse en un objetivo fácil para descargar parte de esa energía acumulada.
No porque exista atracción sexual.
Simplemente porque está disponible.
El componente hormonal
En perros enteros, las hormonas sí pueden aumentar la frecuencia de estas conductas.
La testosterona favorece:
- el interés por olores reproductivos,
- la exploración social,
- determinadas conductas de monta.
Sin embargo, esto no significa necesariamente que el perro quiera reproducirse con el animal al que monta.
Muchas veces basta una situación de excitación social para desencadenar la conducta.
¿Dominancia?
Durante años se explicó este comportamiento mediante la teoría de la dominancia.
Actualmente sabemos que la realidad es mucho más compleja.
La mayoría de etólogos modernos consideran que la monta no es un indicador fiable de dominancia.
Un perro puede montar:
- por estrés,
- por excitación,
- por juego,
- por inseguridad,
- por frustración,
- por hábitos aprendidos.
Reducirlo todo a «quiere dominar» suele simplificar demasiado el problema.
¿Por qué suelen elegir a perros mayores?
Los perros senior presentan características que favorecen este fenómeno.
Suelen ser más pacientes.
Menos reactivos.
Más lentos.
Y muchas veces toleran conductas que un perro joven no permitiría.
Por eso algunos perros adolescentes encuentran en ellos un blanco fácil para expresar su excitación.
¿Debemos preocuparnos?
Depende.
Si la conducta aparece de forma ocasional, suele formar parte del repertorio normal de comportamiento.
Sin embargo, conviene intervenir cuando:
- el perro se obsesiona,
- ignora todas las señales del otro animal,
- provoca estrés al perro senior,
- aparecen conflictos,
- resulta imposible redirigir su atención.
En estos casos es importante trabajar el autocontrol y la regulación emocional.
¿Qué podemos hacer?
- Interrumpir la conducta con calma antes de que se intensifique.
- Redirigir la atención hacia otra actividad.
- Aumentar el ejercicio físico y mental.
- Favorecer periodos de descanso.
- Evitar castigos físicos o gritos.
- Observar si existen desencadenantes concretos.
Un caso muy frecuente
En Patas Bien Cuidadas observamos con frecuencia perros jóvenes que intentan montar a perros ancianos sin que exista ninguna intención reproductiva real.
Lo que suele haber detrás es una combinación de excitación, energía acumulada, inmadurez emocional y dificultades para gestionar determinadas emociones.
La buena noticia es que, con una correcta gestión, estos comportamientos suelen disminuir a medida que el perro madura y aprende a relacionarse de forma más equilibrada.
Porque, aunque a nosotros nos resulte embarazoso observarlo, para muchos perros la monta es simplemente una forma torpe de expresar emociones que todavía no saben gestionar de otra manera.

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