Cuando pensamos en un perro solemos fijarnos en su mirada, su cola o su expresión. Sin embargo, pocas partes de su cuerpo cuentan tantas cosas como sus orejas.
Las orejas no solo les permiten escuchar. También expresan emociones, ayudan a comunicarse con otros perros, protegen el conducto auditivo y nos ofrecen muchas pistas sobre su salud.
Cada raza parece haber desarrollado unas orejas propias, pero detrás de esa enorme variedad existe una estructura sorprendentemente similar.
Un oído extraordinario
Los perros oyen mucho mejor que nosotros.
Mientras que una persona sana suele percibir sonidos de hasta unos 20.000 hercios, muchos perros pueden detectar frecuencias superiores a los 45.000 o incluso 60.000 hercios.
Por eso escuchan:
- Silbatos ultrasónicos.
- Pequeños movimientos de animales.
- Sonidos lejanos.
- Ruidos que para nosotros pasan desapercibidos.
Además, poseen más de una docena de músculos alrededor de las orejas que les permiten moverlas de forma independiente.
Algunos perros pueden orientar una oreja hacia un sonido y la otra hacia otro diferente.
Las orejas también hablan
Antes de que un perro ladre, gruña o mueva la cola, muchas veces sus orejas ya están transmitiendo información.
Orejas adelantadas
Suelen indicar:
- Atención.
- Curiosidad.
- Interés.
- Vigilancia.
Orejas hacia atrás
Pueden reflejar:
- Inseguridad.
- Miedo.
- Sumisión.
- Búsqueda de calma.
Orejas relajadas
Normalmente indican bienestar y tranquilidad.
Como ocurre con la cola, siempre debemos interpretar las orejas junto con el resto del lenguaje corporal.
Tipos de orejas según las razas
Orejas erguidas
Son las típicas orejas que permanecen verticales.
Las encontramos en razas como:
- Pastor Alemán
- Husky Siberiano
- Pastor Belga Malinois
- West Highland White Terrier
Favorecen la ventilación del oído y suelen asociarse a una menor incidencia de algunas otitis.
Orejas caídas
Son muy frecuentes en perros de compañía y de caza.
Las encontramos en:
- Golden Retriever
- Labrador Retriever
- Cocker Spaniel Inglés
- Basset Hound
Estas orejas protegen mejor el conducto auditivo del polvo y la vegetación, pero también dificultan la ventilación.
Por ello algunas razas son más propensas a sufrir otitis.
Orejas en rosa
Se pliegan hacia atrás mostrando parcialmente el interior.
Son características de los lebreles:
- Galgo Español
- Whippet
- Greyhound
Orejas semierguidas
Aparecen en numerosas razas de pastoreo.
La base permanece levantada mientras que la punta cae hacia delante.
Las vemos en:
- Border Collie
- Collie
Orejas de botón
Pequeñas y plegadas hacia delante.
Muy típicas de:
- Jack Russell Terrier
- Fox Terrier
Orejas del Gos d’Atura
El Gos d’Atura Català presenta orejas triangulares, caídas y cubiertas de abundante pelo.
Son muy expresivas y participan activamente en su comunicación, aunque a veces quedan parcialmente ocultas bajo el manto.
¿Las orejas largas tienen alguna función?
Durante mucho tiempo se creyó que en perros de caza como el Basset o el Cocker ayudaban a dirigir los olores hacia la nariz cuando seguían rastros.
Aunque esta hipótesis sigue siendo debatida, sí parece que las largas orejas favorecen el trabajo olfativo al remover el aire cerca del suelo.
Problemas más frecuentes
Las orejas son una de las zonas que más problemas veterinarios generan.
Entre los más habituales encontramos:
- Otitis.
- Espigas.
- Ácaros.
- Hongos.
- Alergias.
- Hematomas auriculares.
- Tumores en perros mayores.
Los perros con alergias suelen manifestar el problema en los oídos antes incluso de mostrar lesiones cutáneas.
¿Debemos limpiar las orejas regularmente?
Sí, pero con prudencia.
No es recomendable limpiar por sistema unos oídos sanos cada pocos días.
Una limpieza excesiva puede alterar el equilibrio natural del oído.
Lo adecuado es:
- Revisarlas con frecuencia.
- Limpiarlas cuando exista suciedad visible.
- Utilizar productos veterinarios adecuados.
- Consultar al veterinario si aparece mal olor, enrojecimiento o secreciones.
Una maravilla de la evolución
Las orejas de los perros son una mezcla perfecta de biología, comunicación y adaptación.
Nos ayudan a comprender cómo se sienten, qué les interesa y, en ocasiones, si algo les duele.
Quizá por eso, cuando observamos atentamente a un perro, descubrimos que antes de mover la cola o ladrar, muchas veces son las orejas las que hablan primero.
Y quienes convivimos con ellos aprendemos poco a poco a escuchar ese lenguaje silencioso.

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