Cuando vemos correr a un perro, muchas veces nos fijamos en su alegría, en la velocidad o en la expresión de la cara. Pero el cuerpo del perro está contando muchas cosas: cómo apoya, cómo impulsa, si se cansa, si compensa con una pata, si salta, si “culea” o si une las patas traseras como si fuera un conejo.
Esa forma de moverse no siempre significa lo mismo. En algunos momentos puede formar parte de una carrera normal; en otros, puede ser una señal de dolor, debilidad, displasia, problemas de rodilla, columna o falta de coordinación.
1. Los perros no siempre corren igual
La locomoción canina tiene varios tipos de marcha. Las más importantes son:
Paso: es la marcha lenta. El perro apoya las patas de forma ordenada y estable.
Trote: es una marcha muy habitual. Se mueven a la vez una pata delantera y la trasera contraria. Es muy útil para observar cojeras porque el movimiento es regular.
Ambladura o paso lateral: algunas razas o perros cansados pueden mover las patas del mismo lado casi a la vez. A veces aparece como transición entre paso y trote.
Galope o carrera: es la marcha rápida. Aquí el movimiento ya no es simétrico como en el paso o el trote. El perro se impulsa, se recoge, se estira y puede haber momentos en los que ninguna pata toca el suelo. Los perros tienen formas de galope más variadas que otros animales, con canter y gallop en versiones diferentes.
2. ¿De dónde sale la fuerza cuando corre un perro?
Aunque las patas delanteras son muy importantes para sostener, amortiguar y dirigir el cuerpo, gran parte del impulso nace en el tren posterior: caderas, muslos, rodillas, corvejones y musculatura lumbar.
Cuando un perro corre bien, las patas traseras hacen tres cosas esenciales:
impulsan el cuerpo hacia delante,
ayudan a estabilizar la pelvis,
absorben parte del impacto al caer.
Por eso, cuando hay dolor en cadera, rodilla, columna o musculatura posterior, muchas veces lo vemos antes en la carrera que en el paseo tranquilo.
3. ¿Es normal que junten las patas de atrás?
Depende.
En una carrera rápida, sobre todo vista desde lejos o en vídeo, puede parecer que las dos patas traseras trabajan casi juntas. En el galope, el perro recoge el cuerpo y las patas posteriores pueden acercarse mucho antes de impulsarse. Esto puede ser normal.
Pero otra cosa distinta es el llamado “bunny hopping”, que podríamos traducir como salto de conejo. En ese caso, las dos patas traseras se mueven prácticamente a la vez, como si el perro no alternara bien los apoyos. Se ve sobre todo al correr, subir escaleras, saltar o acelerar. Este patrón se asocia con frecuencia a dolor o alteraciones ortopédicas, especialmente problemas de cadera como la displasia.
4. Cómo distinguir una carrera normal de un “salto de conejo”
Puede ser normal si:
el perro lo hace solo en momentos muy rápidos,
no cojea después,
no muestra dolor, rigidez ni cansancio raro,
sube y baja escaleras con soltura,
salta sin miedo,
se levanta bien después de dormir,
no pierde masa muscular en las patas traseras.
Conviene consultar si:
mueve siempre las dos patas traseras juntas al correr,
lo hace también al subir escaleras,
evita saltar al coche o al sofá,
se sienta raro, ladeado o con una pata extendida,
se levanta con dificultad,
se le nota rigidez después del descanso,
camina “culeando” o balanceando mucho la pelvis,
cojea tras jugar,
se lame mucho una cadera, rodilla o pata,
pierde musculatura en los muslos.
El “bunny hopping” puede verse en cachorros con displasia de cadera, en perros jóvenes de razas grandes, en perros adultos con artrosis, o en animales con otros problemas ortopédicos o neurológicos.

5. Causas posibles de que un perro una las patas traseras al correr
Displasia de cadera
Es una de las causas más conocidas. La articulación de la cadera no encaja bien, hay inestabilidad, dolor o desgaste, y el perro puede intentar moverse de una manera que reduzca la rotación dolorosa de las caderas.
No todos los perros con displasia cojean de forma evidente. Algunos simplemente corren raro, saltan como un conejo o se cansan antes.
Artrosis
En perros mayores, la artrosis puede hacer que el movimiento sea más rígido. El perro evita abrir bien las caderas o flexionar determinadas articulaciones.
Problemas de rodilla
La luxación de rótula o lesiones de ligamentos pueden alterar la carrera. A veces el perro da pequeños saltitos, deja una pata en el aire o cambia el apoyo de forma intermitente.
Dolor lumbar o sacro
La zona baja de la espalda participa mucho en el impulso. Si hay dolor, contractura, hernias, lumbosacralgia o debilidad, el perro puede correr con el tren posterior más bloqueado.
Debilidad muscular
Un perro mayor, sedentario, con sobrepeso o que ha estado enfermo puede no tener suficiente fuerza para alternar bien las patas traseras al correr.
Problemas neurológicos
Si además del salto hay tropiezos, arrastre de uñas, pérdida de equilibrio, patas que se cruzan o falta de sensibilidad, hay que consultar con rapidez.

6. Razas en las que debemos observar más
Puede ocurrir en cualquier perro, pero conviene mirar con especial atención en razas grandes o predispuestas a problemas de cadera: pastor alemán, labrador, golden retriever, rottweiler, mastines, dogos, border collie de trabajo, etc.
También en perros pequeños con tendencia a luxación de rótula, como yorkshire, chihuahua, pomerania, bichón, caniche pequeño o mestizos de talla pequeña.
7. Cómo observar bien la carrera de un perro
Lo ideal es grabarlo en vídeo:
desde un lateral,
desde detrás,
desde delante,
al paso, al trote y corriendo un poco,
en suelo regular, no resbaladizo,
sin forzarlo ni hacerlo correr si hay dolor.
El trote suele ser especialmente útil para detectar asimetrías porque es más regular que el galope. En rehabilitación veterinaria se utiliza mucho el análisis de la marcha para valorar cojeras, compensaciones y alteraciones del movimiento.
8. Cuándo acudir al veterinario
Hay que consultar si el movimiento aparece de forma repetida, si va a más, si hay dolor, rigidez, cojera, dificultad para levantarse, rechazo al ejercicio o cambios de carácter.
El veterinario puede valorar:
exploración ortopédica,
movilidad de caderas y rodillas,
dolor lumbar,
masa muscular,
reflejos neurológicos,
radiografías si son necesarias,
tratamiento del dolor, fisioterapia o control de peso.
No conviene dar antiinflamatorios humanos ni suplementos sin orientación veterinaria.

9. Qué podemos hacer en casa mientras esperamos valoración
Sin alarmarnos, pero con prudencia:
evitar carreras bruscas,
evitar saltos repetidos,
no forzar escaleras,
usar arnés cómodo,
mantener paseos suaves y controlados,
evitar suelos resbaladizos,
controlar el peso,
grabar vídeos para enseñárselos al veterinario.
En perros mayores o con dolor articular, pequeñas adaptaciones cambian mucho su bienestar: alfombras antideslizantes, rampas, camas cómodas, paseos más cortos y frecuentes, y ejercicio moderado.
10. Conclusión
Que un perro junte las patas traseras al correr no siempre es grave. A veces forma parte de la mecánica normal del galope. Pero cuando ese movimiento se repite, parece un salto de conejo, aparece al subir escaleras o se acompaña de rigidez, cansancio o dolor, conviene observarlo con atención.
Los perros no hablan con palabras, pero hablan con el cuerpo. Su forma de correr, de levantarse, de girar o de apoyar las patas puede darnos pistas preciosas sobre su salud.

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