Esta semana hemos observado en una perra samoyedo de unos cuatro años un comportamiento que, para quien no lo conoce, puede resultar desconcertante.
De forma relativamente repentina aparecieron varios signos: inquietud nocturna, gemidos suaves como llamadas, reactividad con algunos perros —incluso con una mordida de advertencia al cuello— y una conducta curiosa: recoger un pequeño juguete de goma, un cerdito, trasladarlo de un lugar a otro y dejarlo en determinados rincones de la casa.
Durante la noche movía los juguetes, buscaba esquinas, rascaba el suelo como si quisiera acomodarlo y trataba de instalarse en lugares apartados. En algún momento también marcó con orina algunos muebles. La perra se encontraba físicamente bien y seguía comiendo con normalidad.
El cambio coincidía con dos circunstancias importantes: su último celo había ocurrido aproximadamente dos meses antes y, además, su dueña había estado ingresada en el hospital durante un breve periodo de tiempo, quedando la perra al cuidado de otra persona.
Todo ese conjunto de signos encaja con bastante precisión con un fenómeno relativamente frecuente en perras no esterilizadas: la pseudogestación o embarazo psicológico.
Qué es la pseudogestación
Después del celo, el organismo de la perra atraviesa una fase hormonal muy particular. Aunque no haya habido gestación real, la caída de la progesterona y el aumento de la prolactina pueden activar en el cerebro los mismos circuitos que intervienen en la maternidad.
El resultado es que algunas perras comienzan a comportarse como si estuvieran esperando o cuidando cachorros.
Aparecen entonces comportamientos muy característicos:
- recoger juguetes o peluches como si fueran crías
- transportarlos de un lugar a otro
- construir un pequeño “nido” en rincones tranquilos
- rascar mantas o suelos
- emitir vocalizaciones suaves
- mostrarse más sensibles o irritables con otros perros
En algunos casos incluso pueden hincharse las mamas o producir leche, aunque no siempre ocurre.
El papel del contexto y los cambios
En este caso concreto se añadió también un pequeño cambio en el entorno: la dueña estuvo ingresada en el hospital durante un día y la perra quedó temporalmente al cuidado de otra persona.
Aunque haya sido algo breve, los perros son muy sensibles a las alteraciones de su grupo social. Cuando coinciden cambios en el entorno con la fase hormonal posterior al celo, el sistema de comportamiento maternal puede activarse con más intensidad.
El cerebro busca entonces una forma de organizar el entorno y aparece una secuencia muy antigua: buscar un lugar seguro, preparar un nido y reunir objetos que funcionan como sustitutos de cachorros.
Por eso la perra comenzó a buscar esquinas tranquilas, a rascar el suelo y a trasladar su pequeño juguete como si se tratara de una cría.
Por qué puede aparecer reactividad
Algo que a veces sorprende a los cuidadores es que una perra normalmente sociable se vuelva más defensiva con otros perros.
En estos casos no se trata realmente de agresividad en sentido estricto, sino de conducta de protección del nido. Si el cerebro interpreta que hay crías que proteger, cualquier aproximación puede generar una respuesta de advertencia.
Esa reacción suele desaparecer cuando el episodio hormonal termina.
La allomaternidad: una explicación evolutiva
Este fenómeno tiene también una explicación evolutiva muy interesante. En los grupos naturales de cánidos —lobos y perros ferales— no solo la madre biológica participa en la crianza de los cachorros. Otras hembras del grupo pueden colaborar en su cuidado, vigilar el nido o incluso producir leche.
Este comportamiento se conoce como allomaternidad o maternidad cooperativa.
El sistema hormonal de las hembras está preparado para activar ese impulso de cuidado incluso cuando no hay gestación propia. La pseudogestación sería, en cierto modo, una expresión doméstica de ese antiguo mecanismo de cooperación social.
Cuánto dura
La pseudogestación suele resolverse por sí sola en un plazo de dos o tres semanas, a medida que los niveles hormonales vuelven a equilibrarse.
Durante ese tiempo conviene:
- aumentar el ejercicio y los paseos tranquilos
- mantener rutinas estables
- evitar situaciones de tensión con otros perros
- retirar, si es posible, los objetos que la perra ha “adoptado” como cachorros
Esto último ayuda a interrumpir el circuito maternal y suele acelerar la recuperación.
Una mirada final
Cuando observamos estos comportamientos en casa —los juguetes trasladados como si fueran pequeños cuerpos, los rincones cuidadosamente preparados, los gemidos suaves en mitad de la noche— estamos viendo algo más que una simple rareza conductual.
Son restos muy antiguos de la biología social de los cánidos: una memoria evolutiva que aún late en la vida cotidiana de nuestros perros.
Comprenderlo suele ser el primer paso para acompañarlos con calma hasta que el episodio desaparezca por sí solo.

Deja un comentario