No eran alfombras pensadas para que los perros hicieran pis.
Eran alfombras normales. De casa.
De esas que se colocan sobre una cama, en el suelo del salón o en una habitación para proteger, para dar calor, para recoger pelos.
Y, sin embargo, algunos perros empezaron a hacer pis ahí.
No me refiero solamente a cachorros.
Se trataba también de perros adultos.
Perros que, cuando salen, saben perfectamente hacer sus necesidades afuera.
Por eso al principio desconcierta. Una piensa que ha sido un despiste. Luego otro día. Luego otro. Siempre en el mismo tipo de superficie. Nunca en cualquier sitio.
Hasta que entiendes que no es casualidad.
El material importa
Los perros no interpretan la casa como nosotros.
No piensan “esto es interior” o “esto no se hace aquí”. Lo que leen es otra cosa: textura, absorción, temperatura, olor.
Una alfombra:
- no devuelve el frío del suelo,
- no resbala,
- amortigua,
- absorbe.
Para un perro, especialmente para una hembra, eso puede parecer un lugar seguro y discreto. Un sitio en el que el cuerpo se relaja. en donde no hay ruido ni urgencia.
La madera nueva, limpia, sin olor previo, no dice nada. No advierte. No corrige. Está muda.
Y cuando el cuerpo ya no puede esperar más, elige.
No siempre es falta de aprendizaje
Hay perros que no salen lo suficiente. No porque nadie quiera hacerlo mal, sino porque no se llega. Porque la vida va deprisa. Porque no siempre se puede.
Pero el cuerpo del perro no entiende de agendas. Idealmente, un perro debería poder salir cada cuatro horas, no solo para hacer pis, sino por salud física y equilibrio emocional. Cuando eso no ocurre de forma regular, el cuerpo busca una solución. Y la encuentra dentro.
No es rebeldía.
No es venganza.
No es “manía”.
Es adaptación.
Por qué quitar alfombras (a veces)
En mi caso, retiré todas las alfombras de casa. No por castigo ni por limpieza obsesiva, sino porque había entendido algo: ese material estaba funcionando como señal.
Una vez aparece el primer pis, el olor —aunque imperceptible para nosotros— queda ahí. Y el mensaje se refuerza. El lugar se consolida. Quitar la alfombra no soluciona el origen del problema, pero elimina el estímulo. Evita que el perro repita una elección que, para él, tenía sentido.
Mirar la casa desde abajo
Convivir con perros implica aceptar que la casa también se aprende con el cuerpo. Con la nariz cerca del suelo. Con las patas.
A veces no hay que corregir al perro.
Hay que entender por qué ese sitio era lógico para él.
Y desde ahí, decidir qué podemos cambiar nosotros.
¿Y qué podemos cambiar?
No siempre se puede cambiar todo. Pero casi siempre se puede cambiar algo.
Lo primero es la mirada. Dejar de pensar que el perro “lo hace mal” y empezar a preguntarnos qué le está diciendo el espacio. Porque el perro no decide desde la norma, sino desde el cuerpo.
A partir de ahí, realizaremos pequeños ajustes posibles:
1. Revisaremos los tiempos de salida:
No es una cuestión de obediencia, sino de fisiología. Si un perro pasa demasiadas horas sin salir, el cuerpo buscará una solución. A veces no se puede cumplir el ideal, pero sí acercarse más a él.
2. Cuidaremos las superficies interiores:
Las alfombras, mantas o tejidos en el suelo pueden convertirse —sin querer— en una señal. Retirarlas temporalmente, moverlas o cambiar su ubicación puede ayudar a romper esa asociación.
3. Limpiaremos sin dejar rastro:
No basta con que no huela para nosotros. El olor permanece. Usar productos específicos que neutralicen el olor de la orina evita que el lugar quede “marcado” para futuras repeticiones.
4. Crearemos una rutina clara:
Los perros se orientan por la repetición. Salir siempre a horas parecidas, aunque no sean perfectas, da seguridad. El cuerpo aprende cuándo puede esperar y cuándo no.
5. Acompañaremos al perro sin castigarle
El castigo solo añade tensión. Y la tensión empeora el problema. Entender la conducta, sostenerla con calma y ajustar el entorno suele ser mucho más eficaz.
Al final, convivir con perros es aceptar que la casa también se negocia.
Que el suelo habla.
Y que, muchas veces, cambiar nosotros es la forma más amable de educar.
¡AVISO! Este vídeo contiene vocabulario soez.

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