En los últimos años, muchos cuidadores y veterinarios hemos escuchado hablar de Librela, un medicamento inyectable diseñado para aliviar el dolor crónico asociado a la artrosis en perros. No se trata de un antiinflamatorio convencional, sino de una nueva generación de tratamientos biológicos que actúan de una manera más precisa y segura.
Librela contiene un anticuerpo monoclonal (bedinvetmab) que se une selectivamente al factor de crecimiento nervioso (NGF), una sustancia que participa en la transmisión del dolor. Al bloquear este factor, reduce el dolor sin alterar otras funciones del organismo. Es decir, no pasa por el hígado ni por los riñones como los antiinflamatorios tradicionales, lo que lo convierte en una opción muy interesante para perros mayores o con patologías crónicas.
La inyección se aplica una vez al mes, y los efectos suelen notarse en pocos días. Muchos perros recuperan movilidad, ganas de jugar y un estado de ánimo más activo. Sin embargo, la respuesta puede variar según el caso y el nivel de degeneración articular.
En mi experiencia como cuidadora, he podido comprobarlo claramente.
A Chowa, una samoyedo blanca de temperamento tranquilo, la mejoró de manera visible. En pocos días se notaba más ligera, más dispuesta a caminar y con menos rigidez en las articulaciones. Su dueña estaba emocionada al verla moverse con esa facilidad que hacía tiempo no tenía.
En cambio, en Lor, mi perro setter ya mayor, los efectos fueron más discretos. No mostró cambios muy evidentes: sigue con su ritmo pausado, pero sin signos de empeoramiento. Quizá en su caso el deterioro articular es más profundo o la dosis actúa de forma más suave. Lo importante es que no ha tenido efectos secundarios y mantiene su serenidad de siempre.
Cada perro es distinto, y por eso es fundamental valorar con el veterinario si Librela es adecuado para su caso. También hay que recordar que el medicamento no cura la artrosis, pero puede mejorar mucho la calidad de vida del animal, permitiéndole moverse con menos dolor y disfrutar de una vejez más digna y activa.
Si tienes un perro mayor con rigidez, cojera o dificultades para levantarse, puede ser una opción a considerar. Como cuidadora, me parece una herramienta valiosa, sobre todo porque devuelve bienestar sin comprometer otros órganos y sin alterar el carácter del animal.
A veces, lo que más necesitamos para ellos no es juventud eterna, sino días sin dolor y con calma.

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