Controlar no es dominar: es cuidar

La palabra “control” puede chirriar. Suena a rigidez, a imposición, a falta de libertad. Pero si hablamos de perros, controlar no es dominar. Es comprender. Es guiar. Es anticiparse para proteger. Es crear un marco seguro y claro en el que el animal pueda desenvolverse con confianza.

Controlar no es poner cadenas. Es poner orden. Y el orden, lejos de encerrar, ofrece libertad emocional.

Un perro necesita saber a qué atenerse. Necesita un referente, una figura estable y predecible que lo oriente: lo que llamamos un guía. Ese papel no lo puede asumir otro perro, ni lo puede suplir el cariño sin estructura. Un guía no grita, no castiga, no impone desde el miedo. Un guía lidera desde la calma, la coherencia y el respeto.

Cuando trabajamos la socialización desde las primeras etapas (y también cuando lo hacemos más tarde, si llega adulto), estamos sembrando las bases de la inteligencia emocional. El perro aprende a gestionar sus emociones, a leer señales, a regular su energía, a tolerar la frustración. Aprende a relacionarse con otros perros, con humanos, con el entorno. Se vuelve más adaptable, más equilibrado, más feliz.

Y eso tiene un impacto directo en su calidad de vida… y en la nuestra. Un perro equilibrado no es un perro “sumiso”. Es un perro seguro, confiado, capaz de disfrutar del mundo sin necesidad de estar siempre alerta o a la defensiva. Y eso solo se consigue con educación, presencia y vínculo.

En la práctica cotidiana, este “control” se traduce en cosas muy concretas:
– Que el perro camine sin tirar, atento a ti.
– Que acuda a la llamada, incluso si hay otros estímulos.
– Que no reaccione con miedo o agresividad ante lo inesperado.
– Que puedas dejarlo en un sitio y esperar que permanezca tranquilo.
– Que puedas confiar en él… porque él confía en ti.

Pero también se traduce en algo más cívico, aunque menos poético: el cumplimiento de las normas.
Porque vivimos en comunidad. Y hay leyes municipales que están ahí por algo.
– No podemos llevar al perro suelto por la ciudad (salvo en zonas habilitadas).
– Tenemos la obligación de recoger sus excrementos.
– Y sí, también debemos llevar agua para limpiar su pis.
– Además, es fundamental tener un seguro de responsabilidad civil actualizado.

No se trata solo de evitar multas. Se trata de convivir. De respetar a quienes comparten los espacios con nosotros. De dar ejemplo y proteger la imagen de quienes amamos a los animales.

Controlar, en este sentido, es una forma de cuidar. De prevenir. De ser responsables. De no dejar al azar lo que puede ser enseñado con paciencia. Un perro no nace sabiendo caminar a nuestro lado ni entender lo que queremos. No podemos exigirle nada sin antes haberle enseñado. Y para enseñar hace falta tiempo, constancia, escucha y mucho amor del bueno: ese que educa.

Porque al final, todo se resume en el vínculo. Si hay vínculo, hay respeto mutuo. Si hay respeto, hay comunicación. Y si hay comunicación, hay armonía.
Y en esa armonía, tu perro te sigue porque quiere, no porque debe. Y tú lo guías porque lo entiendes, no porque te impones.

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