Cuando conocemos a un perro por primera vez, es fundamental respetar su forma de explorar y relacionarse con el mundo. Los perros se comunican principalmente a través del olfato, por eso, para que un perro se acerque a nosotros con confianza, debemos permitirle hacerlo a su ritmo, sin presionarlo.
¿Cómo conseguir que un perro se acerque a nosotros por primera vez?
- No le hables ni lo mires directamente: La mirada fija puede ser interpretada como un reto o amenaza. Mantén una postura relajada y evita hablarle con voz alta o emocionada.
- No lo toques ni invadas su espacio: El perro debe decidir cuándo y cómo acercarse, respetando su zona de confort.
- Permite que te huela: Baja ligeramente la mano, con la palma hacia abajo y los dedos relajados, para que pueda olfatearla si quiere.
- Mantente tranquilo: Una actitud calmada y serena invita al perro a confiar y acercarse sin miedo.
- Cuando el perro esté tranquilo y relajado, puedes tratarlo con suavidad: Sin movimientos bruscos ni sobreestimulación, acarícialo con delicadeza en zonas que suelen gustarles, como el pecho o los costados.
Respetar estos pasos ayuda a que la primera experiencia sea positiva, construyendo un vínculo de confianza y respeto mutuo.
Toti: una perrita de siete años que no venía a la llamada — ¿Por qué no se lo enseñan?
Toti es una perrita de siete años que ha pasado la mayor parte de su vida en un refugio. Ha sido adoptada en dos ocasiones, pero ambas veces fue devuelta porque “no venía a la llamada”. Esta historia nos invita a reflexionar sobre un error muy común: creer que los perros ya vienen con el “botón” de obediencia incorporado, como si instintivamente tuvieran que acudir a nuestra voz.
Los perros no vienen programados para venir a la llamada.
A diferencia de lo que muchos piensan, el “venir cuando se le llama” no es un comportamiento natural o automático en los perros. Es una habilidad que hay que enseñar con paciencia, cariño y constancia. Los perros, como seres individuales, necesitan entender que venir cuando los llamamos es beneficioso para ellos, y para eso se requiere tiempo y entrenamiento positivo.
¿Por qué Toti no venía?
Durante sus años en el refugio, Toti probablemente aprendió que la llamada no traía algo bueno o interesante para ella, o simplemente no había tenido la oportunidad de aprender a responderla en un contexto de confianza y motivación. Además, el estrés y el miedo pueden hacer que un perro evite acercarse, incluso cuando se le llama.
Cuando Toti fue adoptada, las personas esperaban que simplemente acudiera a la llamada, pero no le enseñaron ni le ayudaron a aprender esa habilidad. Ante la frustración de no poder controlarla, la devolvieron. Así, Toti volvió al refugio, con esa asignatura pendiente.
¿Cómo podemos cambiar esta historia?
- Paciencia: Cada perro aprende a su ritmo. No hay atajos ni milagros.
- Entrenamiento positivo: Usar recompensas, juegos o caricias para motivar al perro a venir cuando lo llamamos.
- No castigos: Gritar o castigar al perro si no viene solo genera miedo y rechazo.
- Crear vínculo: Un perro que confía en nosotros tiene más ganas de acercarse y responder a la llamada.
- Practicar en contextos seguros: Empezar el entrenamiento en lugares tranquilos y con pocas distracciones para que el perro se concentre y entienda qué esperamos.
Toti merece que la próxima familia que la adopte entienda que ella no es “desobediente” ni “rebelde”. Simplemente necesita aprender, con amor y paciencia, a confiar y a responder a la llamada. Enseñar a un perro estas habilidades es un regalo que fortalece el vínculo y mejora la convivencia para siempre.
Ganarse el respeto de tu perro, no el miedo
El objetivo de cualquier relación con un perro debe basarse en el respeto mutuo, no en el miedo. Un perro que actúa por miedo puede mostrar obediencia temporal, pero la confianza y el bienestar se resienten. Cuando ganamos el respeto de nuestro perro a través de la paciencia, la comprensión y el cariño, construimos una relación sólida, donde el perro se siente seguro, querido y motivado a colaborar.
El respeto se gana con tiempo, coherencia y empatía; nunca con gritos, castigos o amenazas. Así, tanto perro como persona disfrutan de una convivencia feliz y equilibrada.

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