En el ámbito del adiestramiento y la educación canina, existe una tendencia —comprensible, pero contraproducente— a hacer demasiado: hablar sin pausa, repetir órdenes sin esperar respuesta, corregir constantemente, insistir una y otra vez. Sin embargo, los perros no aprenden mejor con la saturación. En realidad, menos es más.
Este principio, inspirado en disciplinas como la etología aplicada, el refuerzo positivo y el enfoque cognitivo-emocional, favorece un tipo de comunicación más respetuosa, pausada y efectiva entre humanos y perros. Veamos por qué.
🧠 El perro necesita tiempo para procesar
Los perros aprenden por asociación y repetición, pero también necesitan espacios de espera para asimilar lo que ocurre. Cuando damos una orden y no dejamos margen para que el perro piense y actúe, interrumpimos su capacidad de responder conscientemente. Si además hablamos sin parar, regañamos o cambiamos constantemente el tono de voz, generamos confusión y ansiedad.
En cambio, una instrucción clara, firme y calmada, seguida de unos segundos de espera, permite que el animal interprete el contexto, tome decisiones y desarrolle autocontrol.
💬 Hablar menos no es ignorar, es comunicar mejor
Muchas personas creen que educar a un perro implica estar constantemente hablando, explicando o corrigiendo. Pero los perros no entienden nuestras palabras como nosotros. Entienden el tono, la energía, los gestos y las consecuencias.
Por eso, un exceso de palabras vacías (o llenas de tensión) puede acabar debilitando el vínculo y convirtiéndose en ruido. En cambio, un gesto claro, una orden breve y coherente, y una consecuencia inmediata y justa (ya sea un premio o una retirada) son herramientas mucho más eficaces.
⏳ Esperar también es educar
Una de las herramientas más poderosas en la educación canina es el tiempo de espera. Cuando el perro no responde a una orden, no es necesario repetirla veinte veces: basta con esperar en silencio, sin tensión, o retirar el estímulo y volver a intentarlo más tarde.
Esta pausa invita al perro a pensar, y lo que es más importante, lo empodera: le permite aprender por sí mismo cuál es la conducta adecuada.
⚖️ Menos reacciones, más observación
Reñir, gritar, corregir en exceso… son formas reactivas de educar. Lo verdaderamente transformador es observar: entender qué provoca esa conducta, qué necesita el perro, qué está tratando de comunicar. Solo desde ahí se puede responder en lugar de reaccionar.
A veces, una retirada de atención, un cambio de escenario o simplemente no reforzar una conducta indeseada resulta más efectivo que cualquier grito o regañina.
🌿 Educar con calma, eficacia y respeto
El principio de menos es más nos invita a cambiar el foco: no se trata de imponer, sino de acompañar. No de corregir sin cesar, sino de crear contextos seguros donde el perro pueda aprender con confianza y sin miedo.
La verdadera educación canina no está en hacer mucho, sino en hacer lo justo, en el momento adecuado, con serenidad, claridad y coherencia.

Deja un comentario