Quien convive con gatos sabe que no hay dos iguales. Algunos son relajados y previsibles, otros parecen personajes de una novela rusa: intensos, cambiantes, exigentes. Hoy hablamos de los gatos caprichosos, esos felinos que un día adoran su comida y al siguiente te miran con desprecio, que exigen tu atención… pero solo cuando les viene bien. ¿Qué podemos hacer? ¿Y cómo comportarnos con ellos?
Aquí van algunas claves para convivir (y disfrutar) con estos seres fascinantes y algo teatrales:
🐾 1. Entiende que no es “malo”, solo es gato
Lo primero es quitar la etiqueta de “caprichoso” como algo negativo. Muchos comportamientos que parecen antojos tienen una raíz emocional o sensorial: un olor nuevo, un ruido, un cambio en la textura de la comida, un recuerdo que les activa la alerta. Los gatos son animales muy sensibles al entorno. No son manipuladores, solo son… gatos.
🥣 2. Comida: constancia y pequeñas variaciones
Muchos gatos rechazan la comida que antes amaban. Lo ideal es no cambiar constantemente de marca (eso puede alterar su digestión), pero sí alternar texturas y temperaturas: húmeda con seca, templada o a temperatura ambiente, en platos limpios. No es que sean quisquillosos: su olfato y gusto son delicados, y necesitan estímulos nuevos sin excesos.
🧶 3. El juego no siempre significa lo mismo
A veces no quieren jugar contigo, pero sí necesitan moverse. Otras veces sí quieren atención, pero solo si tú te quedas quieta y les das espacio. Aprender a leer sus señales (cola, orejas, mirada) es una forma de crear una relación más armónica. No fuerces. Invita. Observa.
🛋 4. Los cambios, siempre con paciencia
Una caja nueva, un sofá distinto, visitas inesperadas… todo puede hacer que un gato cambie de humor. Es su forma de mantener el control sobre su pequeño universo. Por eso, los cambios deben ser graduales y con zonas seguras donde puedan refugiarse.
🧘♀️ 5. Tu energía también influye
Los gatos perciben tu estado de ánimo. Si estás tensa, frustrada o hiperactiva, probablemente se alejen o se pongan más irritables. Cuando un gato está “caprichoso”, prueba a respirar hondo, hablarle suave, sentarte cerca sin tocarlo. A veces lo único que quieren es que estés… pero sin invadir.
🫶 6. Recuerda que no estás domesticando, estás conviviendo
Con un gato, no se trata de enseñarles obediencia. Se trata de construir una relación de respeto mutuo, donde ambos aprendan a leerse y a cuidarse sin imponer. Es un vínculo diferente, y por eso también tan especial.
¿Qué me quiere decir cuando me mira desde abajo y maúlla? El arte de escuchar a un gato
A veces, se queda ahí abajo, mirándome fijamente. Con esa mirada suya que parece que me atraviesa. Me maúlla. Y yo no sé qué quiere. ¿Tiene hambre? ¿Quiere mimos? ¿Está enfadado? ¿Me está pidiendo que entienda algo que todavía no sé mirar?
Ese tipo de maullido, cuando tu gato te mira directamente a la cara desde un nivel más bajo, suele tener una carga emocional fuerte. No siempre es una demanda práctica (comida, agua, puerta abierta). A veces es más sutil. Más íntimo.
Podría estar diciendo:
- “Estoy aquí. Mírame. Conéctate conmigo.”
Los gatos buscan contacto visual cuando quieren tu atención. No siempre para que les hagas algo, sino para que estés presente. - “Sigo esperando algo que no llega.”
Quizá le prometiste comida (aunque no lo recuerdes), o le diste algo que ya no le apetece. A veces reclaman algo perdido. - “Estoy incómodo con algo y no sé cómo decírtelo.”
Un cambio, un ruido, otro animal… Pueden expresar inquietud o molestia con ese maullido más “humano”. - “Te quiero, pero no sé cómo mostrártelo mejor.”
Sí, algunos gatos maúllan con ternura, como una forma tímida de acercarse sin invadir.
Y otras veces… simplemente quieren hablarte. Como si su maullido fuera una conversación inacabada.
Cuando me mira desde abajo y me maúlla… en el campo
Estamos fuera. Él no suele salir mucho, pero ahora lo pide. Estamos en el campo, ese lugar donde todo huele más y suena más. Y él me mira. Desde abajo. Con esos ojos de tiempo lento. Y me maúlla.
No es hambre. No es frío. No es miedo.
Es otra cosa. Es… un decirme que está aquí, ahora. Que el mundo le habla y que quiere que lo escuche también.
Mi gato tiene cáncer. Está enfermo, pero aún camina. Aún respira el viento, aún encuentra musgo donde apoyar su cuerpo gastado. Y cuando me mira y maúlla, yo creo que me está diciendo algo que no sé traducir, pero sí sentir:
«Gracias por traerme aquí. Por estar.»
«Mírame. No me olvides mientras respiro.»
«Escúchame con todo el cuerpo.»
«Este instante es mío y tuyo. Déjalo ser.»
Tal vez su cuerpo ya sabe que queda poco. Tal vez, como él, deberíamos salir más al campo. Respirar sin prisa. Mirar de verdad. Dejar de intentar entenderlo todo y simplemente acompañar.
💭 A veces, un maullido no es una pregunta. Es una despedida lenta. O una forma de decir: “no te vayas”.

Deja un comentario